Clara Orti, en lo personal
Es difícil precisarlo, pero creo que mi vida se divide en 3 etapas, una hasta los 30, de los 30 a los 35 y de los 35 a la época actual.
Superarme y adaptarme a lo que fuera
Siempre fui muy risueña. Y tuve una gran capacidad de adaptación. Era buena niña, estudiosa… Una niña fácil, vaya. También era muy soñadora y creo que aquello me permitió crecer con mucha lealtad a mi misma independientemente del entorno. Tal vez no estaba enraizada. Pero era yo. Y aquello empezó a guiarme hacia mi lugar.
Pero también era muy miedosa, y somatizaba mucho. Era evidente que había cosas que no andaban bien, pero nadie supo entender lo que pasaba.
Nunca se me vio ni sostuvo realmente. En poquísimos momentos que recuerdo con mucho cariño. Algún momento mis padres, o algún profesor con quien daba ocasionalmente y sabía ver más allá. No fue lo habitual. Por dentro, crecí con una tremenda sensación de vulnerabilidad y desolación, de estar sola y desprotegida. Los adultos, normalmente empeoraban las cosas – obligándome a que yo me enfrontara a situaciones para las que yo no estaba preparada.
De la adolescencia a los 30, aproximadamente, convertí mi vida en una secuencia de retos a superar. En ese momento ya no venían de fuera, me los ponía yo. Total, era lo que había aprendido. Superé muchas, muchas cosas con una tenacidad casi de hierro (que me enorgullecía, y que ahora considero que era pura terquedad), pero siempre andaba exhausta por mejorar, por ‘arreglarme’, por ser más ‘fuerte’ y más ‘valiente’ (sin entender ni aceptar que la sensibilidad formaba parte de esa valentía, que no era cuestión de negarla).
Hasta ahí mi foco estuvo en “superarme” y adaptarme a lo de fuera.
Conocerme de verdad
Hacia los 30, después de pasar por unos problemas de salud, romper una relación de pareja de casi 10 años, etc.; todo lo que había construido o creía estable en mi vida se vino abajo (el típico cataclismo para que te transformes). Y allí pasé unos años de mucha introspección en los que sobre todo pasaba tiempo conmigo misma, intentándome despojar de las capas que no eran yo, y encontrar mi lugar.
Ahí mi foco cambió, de superarme a ‘conocerme’ de verdad. Me empecé a tratar con algo más de amabilidad, aunque todavía no la suficiente.
Fueron unos años dolorosos y tremendamente bonitos a la vez. Mientras me despojaba de lo que no era yo y daba con lo que sí era yo. Fue a principios de ese periodo que descubrí la alta sensibilidad, y algo más adelante empezó mi viaje por los grupos PAS que luego se convertirían en ACPAS, conectar con la danza, hacer el postgrado en Psicoterapia, formaciones en arteterapia, el Máster en Coaching, empezar la carrera de Psicología.
Se puede decir que de los 30, a los 35, aprox, me descubrí y conocí realmente a mi misma y conecté más o menos con lo que he venido a hacer. No obstante, todavía había capas que no eran realmente ‘mías’.
La comprensión del dolor y la fragilidad
Siempre he tenido una personalidad risueña, alegre, simpática… pero por dentro me sentía una persona muy distinta. No es que quisiera aparentar nada, realmente eso forma parte de mi carácter, pero existía una brecha entre lo que se percibía externamente y otras partes de mí.
Estos últimos años, la vejez de mi madre, y alguna otra pérdida, desilusión o giro del destino, me ha hecho conectar con partes de mí que estaban más escondidas. Partes más frágiles o menos amables o menos luminosas. Hasta cierto punto, a veces más realistas y enraizadas. Creo que es justo esto lo que me ha dado la madurez para poder acompañar de la manera que lo hago hoy, desde la ilusión por la vida pero una comprensión, creo que profunda, del dolor y la fragilidad; habiendo integrado no sólo de la parte divertida y agradable de la vida, sino también de las partes más oscuras.
Me gustaría contribuir a construir un mundo donde se vea la fragilidad de forma positiva. La fragilidad es tan, tan inherente al ser humano. Tan inherente a los procesos terapéuticos. Es la base para luego poder crecer desde un lugar auténtico, de corazón, sin tener que aparentar nada.
La fragilidad está al otro lado de la fuerza, pero forman parte de lo mismo. El recogimiento, al otro lado de la expansión.
En consulta, acompaño desde lo que soy
Creo que acompaño desde esta mirada. Desde un profundo respeto, y amor, hacia la fragilidad humana. Es el corazón inicial de cualquier proceso de crecimiento y expansión. Hay que respetarlo todo, la fragilidad y la fuerza, el recogimiento, la expansión, y todo lo que hay de por medio.
Si te resuena mi historia, puedes leer más acerca de cómo trabajo y cuál es mi enfoque terapéutico.
¿Quieres conocer mi formación y trayectoria profesional?
Puedes leer mi biografía profesional.
Ofrezco sesiones individuales especialmente enfocadas a personas altamente sensibles y/o altas capacidades.